Es una suerte de poema coreográfico con una temática que trata del cuerpo humano, el vacío y el espacio escénico. Su escena inicial es ya una metáfora, con la intérprete enfrentada al vacío, todo su cuerpo sujeto a la gravedad, como una especie de crisálida en plena metamorfosis. La danza toma forma a partir de esas sensaciones, primero segmentada, igual que los cuerpos de Francis Bacon, para luego completarse, empapándose de la fluidez líquida del organismo humano. Christine Cloux continúa con este proyecto su personal trabajo de bailarina-coreógrafa con el que ha suscitado el interés de la crítica y el público.

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