181º es una metáfora de lo que puede significar para un bailarín atravesar el ecuador de la vida. En realidad es algo que de una forma o de otra podemos sentir todos, pero parece que en este tipo de profesiones donde el cuerpo es la herramienta de trabajo, el tiempo puede jugar en contra. Sin embargo aquí se nos ha demostrado que esto no es del todo cierto, que existe una impronta que no se pierde, que incluso sale de forma casi espontánea cuando uno se abandona de nuevo al movimiento, en el caso de la danza.

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